Memoria Viva: Jaume Vallès

Tengo 99 años. Nací y vivo en El Vendrell. Soy viudo, tengo dos hijos, dos nietas y un bisnieto. He compaginado la música con mi trabajo de mecánico de mantenimiento. Soy apolítico y no creo, me enviaron a la guerra con 17 años.

»Teníamos cara de críos y nos llevaron a la guerra»

¡99 años!

(Ríe). Sí.

¿Qué hacía antes de la guerra?

Hice de cerrajero durante dos años. Esto me sirvió para ser maestro armero en la guerra.

¿Cómo fue la guerra en El Vendrell?

Lanzándose piedras entre los barrios, así fue. Mi familia era apolítica, pero estábamos en medio.

Y después lo quintaron

Teníamos cara de críos, no sabíamos nada, y nos llevaron a la guerra. La Quinta del Biberón. Las madres llorando nos acompañaron hasta la estación de tren. Había uno, que lo mataron pobre, que le decía a su madre: »No madre, tranquila, vamos a matar a unos cuantos fascistas y volvemos». Y mira tú, muerto…

Pobre…

Antes de cruzar el Ebro estuvimos en el pueblo de Garcia. ¡Lleno de huertos, tú! Estábamos muy bien, si esto es la guerra ¡perfecto!

Y después en el Ebro

Lo cruzamos en una pasarela que había, pero íbamos poco a poco. Tenía que haber una distancia de un metro entre nosotros mientras pasábamos. Esto por Mequinensa, hicimos un ataque muy fuerte. Al final tuvimos que recular, nos escupieron.

¿Y usted que hacía?

A mi me pusieron de escucha. Salía de las trincheras, agazapado con una bomba de mano, hacia la trinchera contraria. Yo me hubiese quedado en el otro lado, no teníamos nada, daba risa. En la instrucción me llamaron.

¿Por qué?

El maestro armero había desaparecido y como yo era cerrajero me metieron allí.

¿Estuvo en la armería?

Sí. Fui a comandancia y el cabo guardia había ido al baño y yo entré sin permiso en el despacho del comandante. El comandante se enfadó conmigo y después me presenté en la armería, con el teniente Fidel, una bella persona. Y él me enseñó para ser armero. Teníamos la armería debajo de una higuera enorme.

¡Ostras, qué curioso!

No he visto árbol tan grande como ese. Y ahí estaba toda la munición, la llevábamos a primera línea. Yo tenía que subministrar aquello que me dijeran. Pues nos bombardearon la higuera. Toda la munición explotó. No quedó nada allí.

¿Y qué hicieron?

¡Pedir socorro! Qué desgracia…

¿La comida cómo era?

¡Lentejas! (Ríe). Lo acababas cagando todo… ¡Madre mía! Las llevaban en unas mulas, en latas.

¿Y la bebida?

¡Ay, Dios mío! ¡La bebida! Sólo teníamos un pequeño bidón de agua para los heridos. ¡La gente se peleaba por ese agua! ¡La sed es puñetera!

¿A usted le hirieron?

Sí, sí. En la rodilla.

¿Cómo fue?

Estaba de permiso en El Vendrell, pero nos obligaron a presentarnos otra vez, ¡en Navidad! Ya había empezado la ofensiva. Llegamos a Vinaixa y nos dijeron que fuéramos a La Granadella. ¡Andando! Dormimos por ahí. Al día siguiente, el día de Navidad, tenía que encontrar a mi compañía porqué si no no comía. En la carretera vi a un soldado con una venda en la cabeza. ¡Era mi amigo Salvador Viñas de El Vendrell! Estaba herido desde julio.

¡Qué coincidencia!

Viñas me dijo que aún me quedaban dos o tres quilómetros. Y continué. Estuve tres días sólo y sin comer. ¡Había un desbarajuste! Me fui a dormir una noche en un granero y cuando me levanté pensé que ya tenía visiones. Olía a pan. Pues había dos sacos de chuscos y me harté de pan. Y después una sed… ¡Don Luis! Me llamaban.

¿Don Luis?

Sí, me llamaban Don Luis, no sé por qué. Un apodo. Al final los encontré y me comí una escalivada que había hecho nuestro cocinero. A la tarde empezó el ataque. Iban con tanques y detrás toda la tropa. Lanzaban bombas y la metralla me tocó la rodilla. ¡Ostia! ¡Me han tocado! Dolía muchísimo. Me llevaron a una cueva en Falset que hacía de hospital. Unos gemidos… Estamos perdidos, decía uno. Después me trasladaron a otros hospitales, en Reus, Tarragona… ¡Todo lleno!

¡Vaya!

Después me trasladaron a un hospital en Barcelona, donde ahora está la plaza Castella. Cuando ya llegaba Franco nos dijeron que estábamos perdidos y que nos podíamos ir. Me hicieron un aval.

¿Cómo?

En El Vendrell vivía entre tres ricos de derechas. Y me hicieron un aval para volver a casa. Ya se había acabado la guerra, por fin.

Después la mili

Siete años. En Zaragoza, en Jaca y en Palamós. Estuve en la banda de música, de tamborilero, en la orquesta de la Academia de Zaragoza. Me impresionaban los desfiles, cada día, eso era un ejército. Los alemanes, los franquistas… No lo digo por tema político, pero venía de un ejército pobre que no llegaba ni a ejército y todo aquello me impresionaba. Pero… todo era música. Lo pasé bien. Una de fría y otra de caliente.

¿Sigue tocando?

Toqué en la Orquesta Melodía y en la Orquesta Bahía. Tocamos con el cantante Ramon Calduch. También estuve con los grallers de El Vendrell, que cada cumpleaños me hacen un homenaje. Y aquí hay un gigante con mi nombre. Tuve que compaginar la Orquesta Bahía con otro trabajo porqué tenía familia. Pero seguí con la banda, íbamos a todas partes.

Jaume Vallès homenajeado por los grallers de El Vendrell el pasado mes

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